Michèle Cournoyer

Michèle Cournoyer a débuté sa carrière comme décoratrice, costumière et scénariste, collaborant notamment avec Mireille Dansereau et Gilles Carle. Elle a réalisé de nombreux films, dont « Une artiste » (1994), « Le chapeau » (récipiendaire d’un Prix Jutra en 1999) et « Accordéon » (2003).(via)



Le Chapeau (The Hat)(1999)


Entrevista con Michèle Cournoyer. (via)

¿Cuál fue tu primera película?
Mi primera película de animación trataba de un hombre y un niño. El hombre sostenía a su hijo como si fuera un ramo de flores. Tuve esa primera visión animada, si se puede decir así, y entonces fotografié al hombre y animé y pinté cada una de las flores que cubrían al bebé. Con música de Erik Satie, esa fue mi primera película de animación y duraba 30 segundos. Eso me abrió las puertas.


¿Le Chapeau es una película para todos los públicos?
Le Chapeau fue un encargo de una productora que hacía una colección sobre la Convención de Naciones Unidas y los derechos del niño.
Me pidieron que tratara el tema del incesto. El niño tenía derecho a rechazar el abuso, a decir no al abuso. Me embarqué en el proyecto sin saber qué me aguardaba en realidad, aunque había trabajado siempre en temas difíciles como la dependencia afectiva.
Al principio era para niños. En esos momentos trabajaba con el ordenador y la técnica resultaba muy pesada. Tenía multitud de capas de dibujos e imágenes y era todo muy estético, muy colorista, muy realista también. Y además, no lograba encontrar la película en el interior. La película seguía en la superficie, en el exterior. Entonces, poco a poco abandoné la colección sobre los derechos del niño para realizar una película dirigida a adultos.

Progresivamente, pese a la gravedad del asunto, reencontré una libertad que había perdido, y que también me había sido sugerida por una bailarina de striptease que, de joven, había sido bailarina clásica. Eso me interesaba: era un sueño roto. La película es un sueño roto, un juguete roto también. Y el sueño se rompe a lo largo de toda la película.

¿Por qué un sombrero?
Empecé a investigar. Encontré a una mujer que había sobrevivido al incesto. Me ayudó mucho el hecho de que me dijera que la persona que padece abusos, que sufre un incesto, se acuerda siempre de un objeto. Entonces me dije: “de acuerdo, puede tratarse de una mesa, una lámpara...”
En mi caso, sería un sombrero. Detrás de un sombrero uno se puede esconder. Y el incesto ocurre siempre en secreto, es algo que se esconde.
Su presencia tenía que ser obsesiva a lo largo de toda la película. Eso era lo que quería: que el incesto fuera... Eso es, una obsesión.

Háblanos del proceso de creación de Le Chapeau
Tenía que ser algo sentido en el interior. Así que me puse enteramente en la piel de la bailarina de striptease. Sentí lo que ella había sentido y me sentí también como el personaje del padre. A veces yo era el padre, y entonces maltrataba mis pinceles, agarraba mis dibujos, en ocasiones los manchaba sin querer...

Nunca sabía qué me esperaba, fue completamente inconsciente... Yo estaba en comunicación con el inconsciente, con los demonios y los ángeles y todo lo que había en mi interior.

Era muy importante saber que estábamos en el bar, el sitio físico, con el DJ... y que se anunciaba a la bailarina de striptease. 14 Eso es: que ella es bailarina y, de repente, oye una música que le trae a la memoria el sonido de los pasos del hombre que subía por las escaleras, que la sorprende en su... En ese mismo momento, en el bar, ella ve hombres con sombrero, ve el sombrero, y es asaltada por ese recuerdo, que llega sin avisar. Eso es lo que me dijeron cuando investigaba: el recuerdo vuelve cuando menos uno lo espera, sin importar donde uno esté.

Utilicé un contorno negro y, en el blanco tenían que caber toda la juventud y el recuerdo de la mujer. La película está en el interior de la bailarina de striptease y también en mi interior. Me sumergí en su alma. De repente, el recuerdo le asalta y las imágenes se devoran unas a otras. En ese momento se pierde la noción del tiempo, en el incesto surge una especie de niebla. Quien lo sufre no sabe qué está pasando, se encuentra completamente perdido, me imagino. Por eso he querido crear ambivalencia, ambigüedad en las imágenes.

La niña quiere a su padre, yo no quería mostrar un padre necesariamente malo. Pero es seducida por él. Ella no sabe dónde hay que parar, para ella es un juego. La vemos cabalgar sobre un pene; pero para ella es un juego, no sabe lo que es. Nadie le ha enseñado, nadie le ha dicho: eso no se hace. No sabe dónde hay que parar, dónde está la frontera.

¿Tenías la historia clara desde el principio?
No tenía ni idea de cuál sería el resultado. Todo lo que sabía era que..., que lo que yo había experimentado era muy fuerte y doloroso, y que llegaba hasta el fondo de la cuestión. Sabía que en la película pasaba algo inexplicable.

¿Crees que esta película sirve para abrir un debate sobre el tema de los abusos sexuales a menores?
Después de proyectar la película, recibí testimonios de estudiantes. Muchos testimonios.
Algunos, de gente que había sufrido incesto. Así que la película abre un diálogo. Creo que sus imágenes crudas y explícitas sirven también para eso, para decir: esto es lo que pasa en la realidad.

La respuesta fue muy buena, la película provocó... cómo decirlo... sorpresa. Y silencios, muchos silencios. Hace reflexionar. Mucha gente ha pasado por eso, y por otro tipo de abusos.

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